Capadocia es uno de los paisajes más sorprendentes de Turquía. Sus chimeneas de hadas, los cientos de globos aerostáticos que surcan el cielo al amanecer, los valles esculpidos por la erosión de formas imposibles y los asentamientos bajo tierra, la convierten en un destino único.

Aunque ya había visitado Turquía y guardaba un magnífico recuerdo de Estambul, llevaba años soñando con conocer Capadocia. Las imágenes de los globos surcando el cielo al amanecer. Las extrañas formaciones rocosas y las ciudades excavadas en la roca, habían despertado en mí mucha curiosidad. Por fin llegó el momento de descubrir este rincón único del país y de comprobar si estaba a la altura de las expectativas. La respuesta fue un rotundo sí.
Durante nuestra estancia en Capadocia nos alojamos en Ortahisar, un pueblecito pequeño y no muy turístico. Elegimos el hotel Exedra Capadocia, un hotel que por sí solo ya merece una visita. Integrado en la roca y decorado con gran gusto, combina el encanto de las tradicionales casas-cueva con todas las comodidades modernas. Sus terrazas ofrecen magníficas vistas sobre los valles y las formaciones rocosas de Capadocia, especialmente al amanecer y al atardecer.

Para llegar a mi habitación, tenía que recorrer una sucesión de estrechos pasillos laberínticos, escaleras y pequeñas galerías. Más de una vez acabé desorientada buscando el camino correcto. Lejos de ser un inconveniente, aquello formaba parte de su encanto y me hacía sentir como si estuviera explorando una antigua ciudad subterránea.
Aunque la muchos viajeros eligen Göreme para alojarse, nosotros preferimos Ortahisar, un pueblo más pequeño y tranquilo. Nos gustó desde el principio, por su ambiente, su impresionante castillo de roca y porque todavía conserva bastante de la vida cotidiana de la zona.
Aunque le llaman Castillo, en realidad es una estructura de piedra natural, (una chimenea de hadas gigante) de 90 metros de altura, que fue horadada a mano por el hombre. En su interior se excavaron numerosas estancias, comunicadas entre sí y distribuidas en varios niveles.

El nombre de Ortahisar viene del turco, Orta significa medio e Hisar significa castillo o fortaleza. Se llama el Castillo del Medio porque está situado estratégicamente en el centro de las principales poblaciones de la región.
El castillo ha sido utilizado como fortaleza y refugio desde la época de los romanos y bizantinos, para protegerse de las invasiones. Por dentro es un auténtico enmarañado de pasillos, escaleras y habitaciones excavadas en la roca volcánica.
Las cuevas son neveras gigantes, que mantienen la temperatura constante todo el año. Por eso los locales las usan como almacenes naturales de frutas y verduras.
Para llegar arriba, hay que subir por unas escaleras metálicas exteriores, bastante empinadas, no actas para gente con vértigo. Pero el esfuerzo merece totalmente la pena: desde arriba se ve una panorámica preciosa de 360° de los valles e incluso, si el día está despejado, se ve al fondo, el imponente volcán nevado Monte Erciyes
Ortahisar es la Capadocia real sin filtros de Instagram. Vemos a los paisanos, tomando té en la plaza, charlando a la sombra y jugando al Backgammo, es un lugar donde aún se respira la vida cotidiana turca.

Merece la pena recorrer las empinadas calles de Ortahisar sin demasiada prisa. Entre ellas aparecen casas tradicionales excavadas en la roca, fachadas de piedra y rincones que muestran cómo era-y en parte sigue siendo- la vida en este pequeño pueblo de Capadocia.
Antes de que caiga la noche merece la pena acercarse a alguno de los miradores de Ortahisar. Al atardecer la luz cambia por completo el paisaje y las rocas adquieren unos tonos dorados y rojizos especialmente bonitos.

El Castillo de Ortahisar y el hotel Exedra destacan especialmente a esa hora. Nosotros terminamos el día en la terraza del hotel, sentados tranquilamente y disfrutando de las vistas.


Un Sprizt Aperol le dio el toque final a la jornada
El segundo día en Capadocia fue bastante completo: empezamos con el vuelo en globo al amanecer, visitamos una de sus ciudades subterráneas, recorrimos varios miradores y terminamos la jornada con una noche turca.
Comenzamos con un madrugón de los buenos. Nos levantaron muy temprano cuando todavía era completamente de noche y una furgoneta de la organización, nos recogió en el hotel para llevarnos hasta el punto de encuentro. La expectación en el ambiente se notaba en cada uno de los viajeros, que íbamos a bordo.

Una vez allí, tocó esperar la autorización definitiva de las autoridades aéreas. Volar en globo depende totalmente de las condiciones meteorológicas: si el viento no acompaña, el vuelo se cancela por seguridad. Afortunadamente, aquella mañana todo estaba a nuestro favor y, cuando apareció la luz verde en el teléfono del guía, supimos que podíamos volar.

A partir de ahí empezó el verdadero espectáculo: el despliegue de los globos. Ver cómo esas gigantescas telas de colores cobran vida en mitad de la penumbra, me pregunté si podía ser real. El ruido de los potentes quemadores, rompiendo el silencio de la noche y las llamaradas iluminando el cielo, te ponen los pelos de punta.

Casi sin darte cuenta estás dentro de la cesta y el globo empieza a elevarse con una suavidad que me sorprendió. Desde arriba se ven los valles de Capadocia, las formaciones rocosas y decenas de globos flotando mientras empieza a salir el sol. Había visto muchas veces esta imagen en fotografías, pero contemplarla desde un globo es otra cosa.
La siguiente parada fue en la ciudad subterránea de Özkonak, una de las más interesantes de Capadocia. Aunque posteriormente fue ampliada y utilizada por comunidades cristianas como refugio, sus orígenes se remontan a épocas mucho más antiguas.

Nada más empezar a bajar cambia por completo el ambiente. Hay poca luz, los techos son bajos y algunos pasos son bastante estrechos. Mientras recorres los túneles resulta inevitable pensar en cómo sería permanecer allí durante largos periodos sin poder salir al exterior.

Lo que más sorprende es comprobar cómo estaba organizada la ciudad subterránea. A medida que avanzas por los túneles aparecen espacios destinados a establos, cocinas, almacenes y prensas de vino, comunicados entre sí para poder permanecer allí durante largos periodos.
También llaman la atención las grandes puertas circulares de piedra que servían para bloquear los accesos y los pequeños conductos que comunicaban distintos niveles de la ciudad.
De vuelta a la superficie nos acercamos a Çavusin, uno de los asentamientos más antiguos y singulares de Capadocia
Lo más llamativo de Çavuşin es su enorme pared de roca, completamente perforada y llena de antiguas viviendas, pasadizos e iglesias ahondadas en la piedra.

El pueblo tuvo que ser abandonado a mediados del siglo XX, debido a los continuos desprendimientos y la erosión de la masa pétrea , convirtiéndose en una especie de pueblo fantasma.
En lo alto del pueblo se esconde la iglesia de San Juan Bautista, una de las iglesias rupestres más antiguas y grandes de toda Capadocia. Subir requiere un esfuerzo y un tiempo, nosotros preferimos comer en un restaurante muy típico y hacer algunas compras de artesanía.
Para exprimir al máximo los paisajes de esta tierra fantástica, hicimos varias paradas estratégicas en cuatro de los puntos más impactantes de la región.
Para exprimir al máximo los paisajes de esta tierra fantástica, hicimos varias paradas estratégicas en cuatro de los puntos más impactantes de la región.
El mirador del dromedario se encuentra en el valle de Devrent, conocido por las curiosas formas que la erosión ha ido creando en la roca. La más famosa es la que recuerda claramente a un dromedario, aunque mirando con un poco de imaginación se pueden descubrir muchas otras figuras.
Durante el viaje, conocimos a una pareja de Valencia: Amalia y Alfonso, nos caímos bien desde el primer momento y enseguida acabamos, formando nuestra pequeña pandilla para el resto del recorrido.



Mirador de los Cazadores
El mirador de los Cazadores (Avcilar en turco ) es un balcón natural desde el que se contempla la inmensidad del paisaje de Capadocia. Ante nosotros se extendían chimeneas de hadas, viviendas excavadas en la peña y pequeñas manchas de vegetación que rompían los tonos ocres del terreno.
Desde aquella altura, se apreciaba aún mejor la extraordinaria combinación de naturaleza e intervención humana que caracteriza a la región. Fue una de esas paradas en las que solo apetece guardar silencio y dejarse envolver por el paisaje.
Mirador de Uçhisar
El Mirador de Uçhisar ofrece una de las panorámicas más bonitas de Capadocia. Frente a nosotros se alza el Castillo de Uçhisar, una enorme fortaleza natural excavada en la roca que durante siglos fue utilizada como refugio y lugar defensivo.



Valle de la Palomas
A nuestros pies se extiende el Valle de las Palomas un paisaje de formaciones volcánicas, en cuyas paredes todavía pueden verse numerosos palomares excavados en la roca.

Durante siglos, las palomas tuvieron una gran importancia para los habitantes de la región, utilizaban sus excrementos como fertilizante natural para sus cultivos. Desde este mirador se aprecia especialmente bien, el paisaje tan característico de Capadocia, con Göreme en la distancia y el imponente Castillo de Uchisar.
Cada uno de estos rincones, es una clase magistral de geología, de como el viento y el agua han esculpido un paisaje de cuento.
Después de un día bastante completo, terminamos la jornada disfrutando de una noche turca, un espectáculo que se celebra en el interior de un restaurante excavado en una cueva, algo bastante habitual en Capadocia y que hace que el lugar resulte especialmente curioso.

La música en directo acompaña las distintas danzas folclóricas de Anatolia, con sus trajes tradicionales llenos de color. Uno de los momentos más esperados es, por supuesto, la danza del vientre.
La música en directo acompaña las distintas danzas folclóricas de Anatolia, con sus trajes tradicionales llenos de color. Uno de los momentos más esperados es, por supuesto, la danza del vientre.
La música en directo acompaña las distintas danzas folclóricas de Anatolia, con sus trajes tradicionales llenos de color. Uno de los momentos más esperados es, por supuesto, la danza del vientre.
El tercer día en Capadocia lo dedicamos a dos lugares muy diferentes: el Museo al Aire Libre de Göreme, con sus iglesias excavadas en la roca, y el Valle del Amor, conocido por sus curiosas formaciones rocosas.
Desde la entrada hay que subir por una cuesta bastante empinada y adoquinada. La bajada resulta más cómoda y, en el último tramo, una pasarela de madera conduce hasta el final del recorrido.

El Museo al Aire Libre de Göreme es un complejo monástico formado por iglesias, capillas y refectorios excavados directamente en la toba volcánica. El conjunto permite conocer cómo era la vida religiosa de las comunidades cristianas que habitaron esta zona de Capadocia.

Al entrar en estas iglesias excavadas en la roca sorprende el contraste entre la oscuridad de las cuevas y el color de los frescos bizantinos que todavía se conservan en sus paredes.

Tan solo visitamos algunas de las iglesias, pero me impresionaron especialmente la Iglesia Oscura y la Iglesia de la Manzana, con sus frescos bizantinos y sus escenas bíblicas. La escasa entrada de luz ha contribuido a que muchos de sus colores se conserven especialmente bien.

Hoy día el Museo al aire libre es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco
Después de visitar Göreme pusimos rumbo al famoso Valle del Amor (Love Valley), uno de los lugares más curiosos de Capadocia.
Se encuentra en la provincia de Nevşehir, muy cerca de Göreme y Uçhisar, y es conocido sobre todo por las peculiares formas de sus chimeneas de hadas.
Al recorrer el valle aparecen enormes formaciones rocosas a ambos lados del camino. Algunas tienen unas formas fálicas tan evidentes que resulta difícil no hacer algún comentario o echarse a reír.

Estas enormes formaciones son el resultado de millones de años de erosión provocada por el agua y el viento sobre las capas de ceniza volcánica.

Más allá de la curiosidad de sus formas, el Valle del Amor ofrece un paisaje muy bonito. La vegetación contrasta con los tonos blanquecinos y rosados de las rocas, y desde los miradores de la parte superior se tienen unas buenas vistas del valle, especialmente al atardecer.
Durante estos tres días recorrimos algunos de los lugares más conocidos de Capadocia: pueblos excavados en la roca, ciudades subterráneas, valles, miradores y, por supuesto, el inolvidable vuelo en globo. Tres días dieron para mucho, aunque también nos quedaron lugares por conocer. Una buena excusa para volver algún día.