
El Palacio de Blenheim es una de las residencias más impresionantes de Inglaterra y patrimonio de la humanidad por la Unesco. Combina arquitectura barroca, extensos jardines y una historia fascinante. Este majestuoso lugar es conocido también por ser la cuna de Winston Churchill, una de las figuras más influyentes del siglo XX.
En mi visita a los CostWolds (Inglaterra) decidimos dedicar un día al Palacio de Blenheim, ya que estábamos muy cerca de uno de esos pueblecitos con encanto, que tanto me gustan: Woodstock. La idea fue perfecta, era un plan diferente que combinaba la calma de la campiña, con la grandeza de un lugar histórico. Pasear por su jardines y entrar en el palacio fue como viajar en el tiempo y descubrir un rincón único de Inglaterra.
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Desde Chiping Norton, el pueblo en el que estábamos instaladas, tardamos 40 minutos en llegar hasta Woodstock, vamos por la A44. Los aeropuertos, más próximos son el de Birmingham, a 45 millas, el de Luton y el de Heathrow a 50 millas aproximadamente.
Es una imponente residencia de campo, ubicado en Woodstock en el condado de Oxforshire. Fue construido entre 1705 y 1722 como regalo de la Reina Ana de Inglaterra y la nación británica a John Churchill, primer duque de Marlborough, por su victoria sobre los franceses en la batalla de Blenheim en 1704.
El palacio es de estilo barroco inglés, un estilo que no es tan común en el Reino Unido, como en otras partes de Europa. Se caracteriza por sus enormes columnas gigantes, cúpulas imponentes y una rica ornamentación, ya que el objetivo era crear majestuosidad y poder.
Nada más cruzar las puertas del Palacio de Blenheim, la sensación fue de entrar en otra época, la piedra dorada brilla bajo la luz y de pronto uno se encuentra frente a una fachada tan descomunal, que parece más un escenario de ópera que una casa familiar.
Tuve la impresión de caminar, no solo por un palacio, sino por un marco donde se mezclan la historia del arte y la vida íntima de un personaje universal. Se siente constantemente la huella personal de Churchill: su cuna, su historia y sus recuerdos

John Vanbrugh, que era dramaturgo y arquitecto, no escatimó en teatralidad: columnas corintias, que se elevan como guardianes, torres que recuerdan a fortalezas y un equilibrio simétrico que transmite energia.

Impresiona el hall de la entrada, con sus techos altísimos, columnas, ventanales y frescos; todos concebidos para recrear el espíritu de un gran acontecimiento, algo que sin duda logran.
Sus salas de estado, decoradas en distintos colores, están repletas de tapices, retratos de familia y mobiliario de otros tiempos.
Muchas habitaciones cuentan batallas y es como si las paredes hablaran de la grandeza de un gran imperio.
En esta sala cuelgan dos grandes retratos familiares, colocados deliberadamente uno frente al otro. A la izquierda hay un retrato del 9.º Duque con su familia, obra de John Singer Sargent, de 1905 y a la derecha el 4.º Duque, pintado por Sir Joshua Reynolds en 1778
Los sofás de aspecto inusual a ambos lados de la chimenea en el fondo de la sala, se conocen como sofás de acompañante (Chaperone Sofas).
En los primeros días del noviazgo, el joven pretendiente a menudo visitaba a su prometida en la casa para tomar el té y charlar. El decoro dictaba, sin embargo, no debían sentarse solos durante este tiempo, por lo que la pareja de cortejo se sentaba en la parte principal del sofá, mientras que la acompañante se sentaba en el extremo pequeño, girada ligeramente para dar la impresión de privacidad, pero presente para detener cualquier comportamiento inapropiado.

La sala de nacimiento de Sir Winston Churchill es un espacio sorprendentemente pequeño.
El 30 de noviembre de 1874, Sir Winston Churchill nació en esta habitación, en la casa de su abuelo, el 7.º Duque de Marlborough.
Su nacimiento fue prematuro y parece que ocurrió durante una fiesta familiar, ahí sus días ya estaban marcados por una vida tan excepcional como inesperada.

En esta sala, cuelgan los dos primeros de una serie de diez tapices encargados por el 1.er Duque de Marlborough para celebrar sus victorias durante la Guerra de Sucesión Española. El gran tapiz de la izquierda representa la batalla que da nombre al palacio, la Batalla de Blenheim.
Se necesitaron más de 200 tejedores durante ocho años para completar los diez tapices.

La sala ofrece una ventana auténtica al pasado y vemos cómo vivía la alta nobleza británica. Es como una galería de arte privada y personal. La mayoría de los retratos, son obras de maestros muy importantes. Demuestran el poder, el linaje y el gusto de la familia Malborough.

Al entrar en el Salón Verde, lo primero que llama la atención es el techo, una auténtica joya diseñada por Nicholas Hawksmoor. Sus molduras ingeniosamente combinadas crean una sensación de altura y grandeza que envuelve toda la sala. Cada detalle está delicadamente tallado y recubierto con pan de oro de 24 quilates, lo que añade un brillo casi mágico.
Pero si algo convierte esta estancia en un pequeño museo del tiempo, son sus relojes. El palacio guarda una impresionante colección reunida a lo largo de generaciones, y solo en las Salas de Estado encontrarás once.
En épocas pasadas, un reloj no era solo un objeto decorativo. En una casa bien organizada debía haber uno en cada habitación, para que tanto el personal como los dueños pudieran regirse por la misma hora. Todo funcionaba como un mecanismo perfectamente engranado.
Diseñada originalmente como una gran sala de recepción para celebrar los logros del primer duque, el salón se utiliza hoy como comedor. Aún así la sala sigue empleandose para acoger eventos especiales.

Concebida como sala ceremonial, estaba destinada a impresionar a visitantes ilustres y a reflejar el poder, la historia y el linaje de los duques de Marlborough.
Entre las piezas más curiosas que se conservan en la sala, se encuentra una copia del famoso mensaje en el que el duque comunicó su victoria a la reina Ana, escrito de manera improvisada en una cuenta de taberna.


Esta fue alcoba de Estado, hoy conocida a menudo como la sala Boulle, debido a la magnífica muestra de mobiliario de este estilo.
En este proyecto se colocan finas láminas de metal y otros materiales como carey, se superponen formando un sandwich. El diseño se coloca encima y se recorta con una sierra de marquetería proporcionando patrones idénticos en cada material.

Sobre la repisa de la chimenea, hay ejemplos de exquisita porcelana japonesa, de finales del siglo XVIII, como un jarrón de Kakemon y dos jarrones tipo vaso y Imari

La biblioteca es sin duda la estancia más grande e impresionante del palacio. Sus 55 m hacen de ella la habitación de mayor longitud de toda Inglaterra, debido a ello, se convirtió en un hospital militar durante la Primera Guerra Mundial y durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió en el dormitorio, de los estudiantes que habían sido evacuados del prestigioso Malber College durante el conflicto.

Lo que más me sorprendió, fue descubrir como en medio de tanta grandeza también late una historia íntima.
Aquí nació Winston Churchill en 1874. En los jardines ,bajo un templo clásico, pidió matrimonio a Clementine, su eterna compañera. En las salas del palacio todavía se conservan recuerdos personales que humanizan al estadista y lo acercan al visitante.




Su liderazgo fue decisivo para mantener la moral británica frente a Alemania nazi. Sus discursos firmes, combativos y llenos de imágenes poderosas se convirtieron en símbolos de resistencia y determinación. Frases como «nunca tantos debieron tanto a tan pocos».
Complejo y controvertido, con grandes aciertos y decisiones discutidas, Churchill encarna, como pocos la figura del líder carismático en tiempos de crisis: ingenio afilado, visión estratégica y una fe inquebrantable.
También tenía una oratoria excepcional, sus discursos elevaron la moral de la población y se convirtieron en símbolos de resistencia.
Fue un gran escritor y ganador de premio Nobel de literatura.
Fue en el siglo XVIII cuando Capability Brown, el grand paisajista inglés transformó totalmente el terreno, creando praderas, onduladas y un gran lago artificial, que parece totalmente natural. Sus aguas reflejan la fachada dorada, como si fuera un espejo natural.
Después de la majestuosidad del interior, salir a los jardines del Palacio de Blenheim, es como entrar en un cuadro viviente. El aire se llena de frescura y los senderos, invitan a caminar sin prisa.
Es un jardín elegante y simétrico, con setos recortados y flores de temporada. Entre los parterres se encuentran fuentes y esculturas clásicas que refuerzan el ambiente renacentista.



Es una explosión de colores, que en verano perfuma el aire, envolviendo al visitante en una atmósfera casi íntima. En temporada alta alberga más de 1800 tipos rosas.
Los jardineros tienen un trabajo constante: eliminar flores marchitas para favorecer nuevas floraciones; en una temporada pueden podar hasta unas 12.000 flores marchitas.
Caminé por el sendero circular que lo rodea, bordeado de rosales de múltiples tonos y arcos delicados, donde las rosas trepadoras blancas dibujaban un techo vegetal.
Es un rincón muy tranquilo y reservado: un oasis de calma con árboles centenarios, senderos sinuosos, estanques, fuentes y pequeños puentes.
Antiguamente fue el jardín privado del 10º duque de Marlborough.
Los lagos, frente al palacio forman parte integral del diseño paisajístico del parque de Blenheim.
Fueron creados como elementos artificiales que juegan con la luz, los reflejos y la sensación de amplitud.
Uno de ello es el Gran Lago que se extiende frente a la fachada, desde donde se puede contemplar el palacio reflejado en el agua.
El lago de la Reina, es el cuerpo de agua más pequeño que forma parte del sistema lacustre del parque, antes era llamado lago de la duquesa.
El lago alberga peces, aves y plantas acuáticas cómo nenúfares, juncos y algas controladas para mantener el equilibrio ecológico.
Un poco mas alejada, vemos la fuente de Bernini, que es una réplica de la romana en Piazza Nabona. Reproduce el estilo característico de Bernini: formas dinámicas, esculturas en movimiento y un juego teatral en el agua y en la piedra, añadiendo un aire clásico.

-Es el único palacio no real en Inglaterra que lleva oficialmente ese título (palacete)
-Se usó como escenario en películas, como Spectre, James Bond y Harry Potter.
-Cada 24 de diciembre, los Marlborouth continúan celebrando la cena de Nochebuena en el gran salón.
-La famosa canción de Mambrú se fue a la guerra, fue inspirada por los franceses, que la compusieron en un tono de mofa, cuando se dió por muerto al duque de Marlborouth.
-La familia tiene que seguir pagando a la casa real por la cesión de los terrenos
El pintor William Turner quedó tan fascinado, que no pudo resistirse a plasmar» la vista más hermosa de Inglaterra»
-En unos retratos de la sala roja, y en muchos otros a lo largo del palacio, notarás que aparecen Spaniels Blenheim. La historia cuenta que, mientras Sarah esperaba noticias de la Batalla de Blenheim, se sentó con una perra embarazada en su regazo, acariciándole constantemente la cabeza. Cuando nacieron los cachorros, tenían marcas en la cabeza que correspondían con el lugar donde Sarah había acariciado a su madre.
-Blenheim está obligado, por el aniversario de la batalla, a pagar cada año, una “renta simbólica” a la monarquía que consiste en una bandera francesa.
-En total, hay 11 relojes repartidos por las Salas de Estado. Una excusa perfecta para convertir tu visita en una pequeña “búsqueda del tiempo”.
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