
Stresa, con su aire aristocrático y su ubicación privilegiada frente a la islas Borromeas, conquista desde el primer momento, con su elegancia y belleza serena.
Aunque conozco bastante bien Italia, una amiga me propuso hacer un recorrido por el lago Maggiore, un rincón al que nunca había ido. La idea me sorprendió, pero no fui capaz de decirle que no, y así, casi sin pensarlo, emprendimos juntas este pequeño y fascinante viaje.
Indice del articulo
Stresa es una elegante localidad del norte de Italia, situada a orillas del lago Maggiore, en la región del Piamonte. Conocida por su atmósfera, tranquila y su arquitectura de estilo Belle Époque, esta pequeña ciudad fue un destino favorito de la aristocracia europea, desde el siglo XIX. Pasear por su Lungolago flanqueado por palacetes y jardines floridos, es como retroceder en el tiempo.
Su ubicación privilegiada frente a la islas Borroneas, verdaderas joyas flotantes, junto con su entorno montañoso hacen de Stresa un punto de partida perfecto para explorar el lago Maggiore, y todos los pequeños pueblecito que hay alrededor.
Para nosotros el aeropuerto más cercano es el de Milán. Está a medio camino entre Milán y Suiza. Algunas compañías como EasyJet, llegan a la T2 y otras a la T1. De la terminal 1, salen unos minibuses de la compañía Alibus,que van directamente a Stresa, hay que contratar el día de antes, valen 14 € y son muy cómodos.
La duración es de 45 minutos, no hay tráfico y la carretera está muy despejada, nos deja justo en el Lungolago a 50 m de nuestro Hotel Saini, que está muy céntrico y a muy pocos pasos pasos de la estación marítima.
Frente a la costa de Stresa emergen las islas Borromeas, un pequeño archipiélago de ensueño, que parece sacado de un cuadro. Su nombre proviene de la influyente familia Borromeo, que las transformó en auténticos jardines flotantes, durante los siglos XVI y XVII.
Las islas son tres: Isola Bella, Isola Madre y la Isola dei Pescatori. Las dos primeras son privadas, tan solo la isla de los Pescadores es pública.
Directamente en el embarcadero compramos las entradas para las tres islas, el precio es de 36€, tardamos 10 minutos en llegar a la Isola Bella, que es la primera que se visita.

Me quedé deslumbrada por el majestuoso, palacio barroco y sus jardines de terrazas, llenos de esculturas, pavos reales blancos y flores exóticas.


El palacio es una joya arquitectónica del arte barroco italiano, construido sobre lo que antes era una simple roca en medio del lago.
En su interior, la salas están decoradas con frescos, tapices flamencos, mobiliario original y una colección de pinturas y esculturas que reflejan el poder y refinamiento de esta familia noble.
Me sorprendió las grutas artificiales en la planta baja, decoradas con piedras, conchas y mosaicos, creadas para refrescarse en los días calurosos.

El palacio se abre a los famosos jardines en terraza, dispuestos como un teatro verde, que desciende hacia el lago. Desde allí las vistas al lago Maggiore son simplemente inolvidables


De nuevo tomamos el barquito para ir a la Isola Madre, tarda 10 minutos en llegar. Nos confundimos al entrar al palacio y damos casi media vuelta a la isla, cuando la entrada la teníamos al lado del embarcadero. Visitamos el palacio, no es tan bonito como el de la Isola Bella, pero también merece la pena.

La Isola Madre, es la más grande y tranquila de las islas Borromeas y está considerada un paraíso botánico en medio del lago Maggiore. Su gran atracción es el jardín inglés del siglo XIX, donde crecen especies exóticas de todo el mundo: palmeras, rododendros, magnolias, bambúes gigantes, entre otros. Los pavos reales blancos, pasean libremente e intentan ponerse a la sombra de un ciprés gigante de Cachemira, que está en peligro de extinción.

Segun Gustave Flaubert, se sintió en el lugar más ¨voluptuoso del mundo»


El palacio está rebosante de salas decoradas con muebles antiguos, marionetas históricas y una atmósfera encantadora y quizás algo melancólica.

Ahora vamos navegando de nuevo a la Isola dei Pescatori. Es la más pequeña y pintoresca de las islas Borromeas, pero también la única habitada de forma permanente y que no es privada. La callejuelas estrechas con casas antiguas, esos balcones de secado de pescado y su encantadora iglesia de San Vito, crean un ambiente único.



Después de tanto caminar, un repentino apetito nos invadió y callejeando sin rumbo, tuvimos la suerte de encontrar un pequeño tesoro escondido: Casa Manuel, un restaurante precioso auténtico y nada turístico. Pedimos unos raviolis rellenos de espinacas servidos, con salvia fresca y aceite de oliva. Un plato sencillo y delicioso que acompañamos con media jarrita de vino blanco bien frío.
Tomamos un traghetto desde el puerto de Stresa, hasta Santa Caterina del Sasso, se tarda 12 minutos y el billete vale 6€. Hay unas 80 escaleras, pero no son nada difíciles, la ermita está prácticamente encaramada a un acantilado vertical, que se asoma directamente al lago Maggiore.

El monasterio fue fundado en el siglo XIII por Alberto Besozzi, un mercante que sobrevivió a una tormenta en el lago y decidió retirarse allí como ermitaño. Hoy día, sus tres edificios principales, la iglesia, el convento y la casa del capellán se abrazan literalmente a la roca, formando un conjunto arquitectónico espectacular.

La iglesia principal de una sola nave conserva frescos del siglo XV y XVI, muchos de ellos sorprendentemente bien conservados, que representan escenas bíblicas y figuras de santos.

El altar barroco está enmarcado en un retablo sobrio, a los lados pueden verse pequeños altares laterales adornados con pinturas antiguas. Uno de los elementos más curiosos es el sarcófago de Alberto Besozzi, el fundador ermitaño que es visible a través de una urna de cristal.

La penumbra interior, el olor a piedra antigua, la cera y el suave eco de los pasos sobre el suelo gastado, crean un espacio, que invita al silencio y a la contemplación.
Esta excursión es de un día entero, y es un viaje panorámico que combina el encanto del tren y del barco, rodeado por la belleza del Monterrosa, los Alpes y las islas del lago Maggiore.
Un itinerario típico, incluye
-Un tren de Stresa a Domodossola, a continuación otro tren de vía estrecha a Centovalli, que cruza valles y puentes hasta llegar a Locarno, (Suiza)
-Desde Locarno se regresa en barco navegando por el lago Maggiore com paradas opcionales en pueblos encantadores como Cannobio, Cannero etc. El billete se compra en la agencia Tomassucci, situada en Plaza Marconi. El precio es de 52€
Vamos andando hasta la estación de ferrocarril, que está solo del hotel a unos 10 minutos. Allí en realidad teníamos que haber tomado un tren hasta Domodossola, pero el tren parece ser que no funciona y nos ofrecen un autobús.
El trayecto hasta Domodossola es de una hora. Como aún teníamos tiempo, decidimos darnos una vuelta por esta ciudad, que es la frontera entre Italia y Suiza.
Por la vía principal llegamos al casco antiguo y a la plaza del Mercado, muy animada, donde venden productos locales, como quesos y embutidos. Callejeamos y pasamos por calles muy curiosas, descubrimos la casa más estrecha y rara de toda Italia.


No teníamos tiempo para más y nos dirigimos a la estación del tren para tomar el pequeño y coqueto trenino hacia Locarno: el tren de Centovalli
A medida que el tren del Centovalli serpentea entre montañas y desfiladeros, el paisaje se transforma.
Se vuelve un poema en movimiento: bosques de castaños, iluminados por la luz filtrada del sol. Cascadas que caen en hilos de plata y pequeños pueblos alpinos con tejados de pizarra, que parecen sacados de una postal antigua.

Hacemos varias paradas, pero no podemos bajar, es solo para que suban y dejar a los pasajeros.
De repente, el tren comienza a descender hacia Suiza y el lago Maggiore aparece entre montañas, con un azul intenso y sereno. Divisamos Locarno, rodeada de palmeras y el perfil lejano de los Alpes.
Nos dirigimos directamente a la estación del funicular (funivia) que asciende entre la vegetación hasta el Santuario de la Madonna del Sasso. Se encuentra colgado sobre un promontorio rocoso con unas vistas impresionantes al lago.


El santuario fue fundado a finales del siglo XV tras la aparición de la virgen al fraile Bartolomeo de Ivrea. La iglesia principal de fachada ocre y detalles barrocos, se asoma desde lo alto con una vista panorámica grandiosa, sobre Locarno y el lago Maggiore.
El interior alberga obras de arte de gran valor, como la Piedad esculpida en madera por un maestro desconocido del siglo XV, la Huida a Egipto de Bramantino, el Entierro de Cristo, que es una obra monumental de Ciseri y la Madonna con el jilguero de Rafael.


El billete vale 8, 50 € i/v, el trayecto dura 5 minutos y el funicular opera con bastante frecuencia.
Después de esta agradable experiencia del funivía, paseamos por el centro de la ciudad de Locarno llegamos a la Plaza Grande y descubrimos sus callejuelas empedradas. Alcanzamos el puerto para embarcar hacia Stresa, no sin antes tomarnos una cerveza en una elegante terraza frente al embarcadero.
El trayecto en barco desde Locarno a Stresa es una experiencia serena y panorámica, que recorre el corazón del Lago Maggiore. A lo largo de unas tres horas navegamos entre aguas tranquilas, bordeando pueblos pintorescos, con vistas a colinas verdes, villas elegantes y pequeñas playas escondidas.

Poco antes de llegar a Stresa, aparecen las eternas islas Borromeas, flotando como joyas sobre el agua, anticipando el encanto del destino final.
El Lungolago de Stresa es mucho más que un simple paseo junto al lago, es la primera impresión mágica de la ciudad y también uno de sus encantos.
A un lado los elegantes hoteles de estilo Belle Epoque con sus terrazas y fachadas de postal, al otro, las aguas del lago Maggiore, que reflejan el cielo, las montañas y el perfil de las islas Borromeas. Todo parece pintado con trazos de calma.

Caminamos al tardecer para un dar paseo relajante y entramos en una escena de novela: bancos para sentarse a leer, parejas locales que se besan, barquitos de colores, también vemos músicos callejeros que añaden banda sonora a la vista. Es el lugar perfecto para empezar o terminar el día sin prisas.

Más allá del elegante, paseo frente al lago y de los grandes hoteles históricos, Stresa guarda su alma en las calles estrechas del casco antiguo, el ritmo se vuelve pausado y auténtico, uno se encuentra con plazas pequeñas adornadas con flores, tienda familiares, que venden productos locales y cafeterías con mesitas en la aceras, donde los vecinos se saludan por su nombre.


Es entre esas fachadas color pastel, balcones con buganvillas y antiguos portones de madera, donde se siente la Stresa cotidiana. Aquí no hay prisas y puedo apreciar las diversas sensaciones, como el eco de una campana, el aroma a pan recién hecho y el olor intenso de un «ristretto «.
El último día descubrimos este moderno y lujoso Hotel, situado a orillas del lago Maggiore y a solo unos pasos del centro de Stresa.

El Sky Bar panorámico, ubicado en la terraza superior es una de las mejores vistas de Stresa, ideal para disfrutar de un aperitivo al atardecer.
A pocos minutos a pie del centro de Stresa, Villa Pallavicino es un remanso de paz donde la naturaleza y la historia se dan la mano. Construida en el siglo XIX como residencia privada. La villa fue transformada por la familia Pallavicino, en un parque abierto al público. Hoy es uno de los lugares más encantadores del Lago Maggiore.

El recorrido atraviesa un extenso jardín botánico con árboles centenarios, avenidas floridas y vistas espléndidas al lago. Pero su mayor atractivo es el parque faunístico donde viven en semilibertad más de 50 especies de animales: ciervos, gamos, cebras llamas, canguros, pavos reales, flamenco y muchas aves exóticas.
El Monte Mottarone, situado entre el lago Maggiore y el lago D’Orta es otra de las atracciones para descubrir cerca de Stresa.
Con una altitud de 1492 m ofrece una de las vistas más impresionantes del norte de Italia: en los días despejados se puede contemplar siete lagos y al fondo las cumpren nevadas del monte Rosa y los Alpes suizos

Ahora se accede por carretera, porque el antiguo teleférico que llegaba a la cima, se encuentra temporalmente cerrado, debido al trágico accidente de mayo del 2021, en el que murieron 14 personas. Se estima que en el verano del 2025 lo abran de nuevo al público.
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